Cinématographe Lumiére


Los hermanos Lumière crearon el cinematógrafo en su fábrica de placas fotográficas de Lyon en 1894. Su descubrimiento sólo lo mostraron a sus conocidos puesto que pensaban que no le interesaría a nadie; exactamente un año después en 1895, realizaron una proyección privada de una filmación en la que aparecían los obreros de su fábrica. En junio de ese mismo año, acudieron a un congreso de fotógrafos en el que filmaron a los demás fotógrafos a su llegada. Al día siguiente mostraron las imágenes tomadas en una proyección y, animados por sus colegas empiezan a preparar sesiones que hagan público su invento.

Se decidieron así a mostrar su invento al pueblo de París. Lo presentaron con temor, pues nunca tuvieron excesiva confianza en sus posibilidades artísticas ni menos económicas. Tras muchas negociaciones con diferentes locales, encontraron uno sencillo decorado al estilo oriental, el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de los Capuchinos, prefiriendo una sala de reducidas dimensiones en razón de que si era un fracaso, pasaría inadvertido. El día de la representación, considerado oficialmente como el primer momento de la historia del cine fue el 28 de diciembre de 1895. Tal y cómo pensaron los organizadores, el primer día no fue especialmente extraordinario, pues acudieron solamente 35 personas. Bien cierto es que tampoco la publicidad fue excesiva y el cartel realizado no fue muy significativo. Los hermanos tuvieron la precaución de pegar en los cristales del Grand Café un cartel anunciador, para que los transeúntes desocupados pudieran leer lo que significaba aquel invento bautizado con el impronunciable nombre de Cinématographe Lumiére. La explicación, impresa en letra cursiva, resulta hoy un tanto pintoresca y barroca: «Este aparato -decía el texto- inventado por MM. Auguste y Louis Lumiére, permite recoger, en series de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo, se suceden ante el objetivo, y reproducir a continuación estos movimientos proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala entera.».
Sin embargo el pueblo parisiense, corrida la voz sobre aquel espectáculo maravilloso y espectacular, ya al segundo día llenó el salón y las colas recorrían el bulevar. Los diarios de París elogiaron aquel espectáculo insólito y los hermanos Lumiére tuvieron asegurada, a partir del segundo día, sus espectadores incondicionales.
Aunque poseían un amplio stock de películas, en sus primeros tiempos siempre comenzaban por La salida de la fábrica Lumiére (La sortie des Usines Lumiére, Lyon-1895), que según sus historiadores fue su primera película y de paso hacían homenaje a su empresa. El repertorio lo componían películas familiares, sus hijos comiendo, la vida de las calles de Lyon, soldados haciendo la instrucción,…

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